ALBERTO SÁNCHEZ. Da gusto ver que la campaña por la anulación del voto está creciendo, y que cada día más blogs se enlazan a las redes para difundir el llamado a tachar la boleta el 5 de julio. Lo más evidente es que los jóvenes empujan con más fuerza el “Yo anularé mi voto”. En sus blogs expresan un rechazo similar al que vimos hace 21 años, en 1988, pero con una pequeña diferencia: que este rechazo al sistema político no va detrás de un partido o un líder, sino contra todos ellos. El ciclo político que produjo nuevos partidos y nuevas reglas de acceso al poder se ha cerrado, y las soluciones deberán buscarse en nuevas demandas.
El resultado numérico de los votos nulos no cambiará inmediatamente el régimen de partidos, pero estos jóvenes sí cambiarán. Lo están haciendo de otro modo, y eso es importante. Es mucho para un país que no se mueve sin líderes, y que es tan conservador.
Qué se ganará con hacerlo, preguntan los más escépticos. Pues quizá no mucho. Pero eso no es responsabilidad de los que protestan, sino de los políticos que desprecian a los ciudadanos. Los partidos juegan desaprensivamente con fuego al aferrarse con uñas y dientes al presupuesto; y al aprobar leyes que vetan a los ciudadanos formar su propia representación. No entienden que cuánto más siguen sus insulsas y mentirosas campañas electorales, más alejan al ciudadano que pretenden cautivar. Cuánto más prometen usar el erario público "en beneficio del pueblo", más rechazos generan.
El simple hecho que estas campañas, para elegir a 300 personas a la Cámara de Diputados, nos cuesten 3,600 millones de pesos, es un índice de la falta de apoyo popular. La política se ha vuelto una mercancía administrada por las franquicias amafiadas, y eso, desde cualquier punto de vista, pone en riesgo al país.
Para cambiar las cosas se tienen que eliminar los mecanismos de reproducción de esta clase política; y eso no es posible sin la participación democrática de los ciudadanos. Ya es inútil seguir insistiendo en encumbrar a un hombre en la presidencia, o en hacerle el juego a unos diputados que nadie conoce, y que no conocen a los ciudadanos. Este nuevo ciclo no se cerrará mientras no regresan los partidos a la sociedad...
La mayoría de los mexicanos no irá a las urnas, simplemente, porque sus derechos políticos han sido usurpados por los partidos. Si la gente ve una pantomima en la competencia electoral es por experiencia: la política se ha vuelto una pugna por los cargos; por la decisión sobre el presupuesto, y por el mantenimiento de una burocracia a costa del erario. La visible corrupción es su secuela inevitable.
Las elecciones se han vuelto una estafa, precisamente, porque los partidos se han adjudicado la representación sin haber cumplido con todas las mediaciones, requisitos y procedimientos que le dan sustancia y realidad a la democracia. Si acaso, se apegan, y mal, a la ley que ellos mismos aprobaron para detentar el poder.
Este movimiento debería apoyarse en la letra del artículo 41 constitucional. Allí se afirma que los partidos son “entidades de interés público” y como organizaciones de ciudadanos, sus fines son promover la participación del pueblo en la vida democrática... [y] hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo. Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos.
La Suprema Corte de la Nación, al suponerse como poder autónomo responsable de la tutela de los derechos, debe encargarse de ordenar al Congreso de la Unión el decreto de las leyes correspondientes y la abrogación de todos los reglamentos que cimentan el fuero corporativo de la burocracia. El Congreso debe legislar en consecuencia, liberalizando el derecho de asociación de los ciudadanos, de libre afiliación y participación en los partidos para hacer valer sus demandas. Para elegir en libertad, exigir cuentas, y remover a los que incumplan.
De hecho, la Corte es la última instancia a la que podemos acudir...
Y si este movimiento persiste en su empeño, el “Yo” de la primera persona que anula un voto, cambiará por el “Nosotros” que exige sus derechos colectivos.


2 comentarios:
¿Qué sistema de gobierno proponen para las macro-sociedades modernas como México? ¿Cuál es su proyecto de nación? ¿Cómo desconcentrar el poder acumulado por la partidocracia, por la plutocracia, por la telecracia y por los poderes paralelos? ¿Se van a limitar a proponer o, peor, apoyar la derogación de la reforma electoral del 2007? Y ¿luego?
Creo que miles o quiza millones de mexicanos estamos inconformes con el sistema de partidos, que como dice Denisse Dresser funciona perfectamente para los partidos pero no para los ciudadanos.
Es importante la unión de los mexicanos que sufrimos ese hartazgo político. Necesitamos unirnos y participar con ideas, pero sobre todo actuar.
Hay muchas propuestas valiosas: candidaturas independientes, reducción del presupuesto a los partidos políticos, reducción de diputados y senadores, eliminación o reducción de los plurinominales; instauración del plebicito y del referendum, así como de la revocación de mandato etc etc.
Hay mucho trabajo por hacer , yo creo que al congreso con nuestro voto debemos elegir gente valiosa; ciudadanos honestos, capáces, con espiritu de servicio pero sobre todo que antepongan el interes colectivo de México, dejando en segundo plano su interes particular o partidista; pues este es el gran problema de la gran mayoría de nuestros políticos.
Ojala que podamos interactuar y participar.
Envío efectuoso saludo.
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