JOSÉ WOLDENBERG.
1. La participación electoral a nivel federal viene descendiendo de manera constante desde 1991, primera elección que organizó el Instituto Federal Electoral. Ese año dejó de ir a las urnas el 34.06% de los electores. Seis años después, en 1997, la abstención subió a 42.31% y en el 2003 llegó hasta 58.32%.Si observamos los datos de las elecciones generales, en las cuales se elige presidente, senadores y diputados, la tendencia es similar, aunque la participación es más alta. En 1994 no fue a las urnas sólo el 22.45% de los electores potenciales, en 2000, el porcentaje subió a 36.34%, y en 2006 arribó al 41.81%.Son números fríos pero elocuentes. Y no sirven los conjuros para “tapar el sol con un dedo”.
2. La abstención crece y llamar a incrementarla no es muy meritorio, sino más bien montarse en una ola que nada productivo puede traer al país. Aunque la Constitución dice que el voto es un derecho y una obligación, de facto en México votar es un derecho solamente, ya que la abstención no acarrea ninguna sanción de carácter administrativo, como sí sucede en otros países de América Latina, y qué bueno que así sea. Sólo un derecho.
3. La abstención se incrementa porque, en efecto, hay un malestar en relación a los partidos, los políticos, los Parlamentos. Diversas encuestas han recogido ese sentimiento y en centros de trabajo y espacios públicos uno mismo puede recoger esa “desafección” hacia el mundo de la política. No se trata de un fenómeno exclusivo de nuestro país, el PNUD y Latinobarómetro lo han documentado en buena parte de América Latina.
4. Por otro lado, la abstención es un fenómeno complejo. Los motivos de los que se ausentan de las urnas pueden situarse en las antípodas: desde el hiperpolitizado que no encuentra una opción a la altura de sus expectativas hasta el apolítico rutinario, pasando por todo tipo de grises. De tal suerte que no existe algo así como un “partido abstencionista”. Los que no acuden a la cita dejan en manos de otros la decisión de quién debe gobernar y quiénes deben legislar.
5. ¿De qué sirve echar más leña a la hoguera de la abstención? ¿Queremos desfondar lo poco o mucho que hemos construido hasta ahora? Hay que recordar, porque nuestra memoria es flaca, que México transitó apenas entre 1977 y 1996 de un sistema de partido hegemónico a otro pluripartidista, de elecciones sin competencia a comicios muy competidos, de un mundo de la representación política monocolor a uno donde el pluralismo se reproduce en las instituciones del Estado. Y ello significa hoy nuevas relaciones entre los poderes: de un presidencialismo asfixiante y subordinador a un equilibrio real entre los mismos, de un centralismo arraigado a un federalismo primitivo, de un Poder Judicial minusvaluado en materia política a otro que ya es árbitro de litigios entre poderes y en acciones de inconstitucionalidad. También ha acompañado y posibilitado mayores márgenes de libertad de expresión, organización, de prensa, manifestación, etcétera, y ha logrado construir un mundo de la política plagado de pesos y contrapesos, en claro contraste con el verticalismo autoritario de hace apenas unos años. Y todo ello fue posible a través del voto, la punta del iceberg civilizatorio que permite la convivencia de la diversidad, y el cambio de gobierno por vías institucionales y con la participación de los ciudadanos.
6. La abstención tiene sentido cuando alguna fuerza política fundamental en un país es excluida de la contienda. ¿Pero qué corriente política significativa está hoy imposibilitada de participar en nuestros comicios?
7. Lo que necesitamos es más bien una pedagogía que nos ayude a socializar los valores y principios de la democracia y a valorar los cambios que fueron capaces de desmontar un régimen autoritario y edificar un germinal régimen democrático. (Y, por supuesto, a detectar y discutir todos y cada uno de los obstáculos que impiden su asentamiento y que tienden a erosionarla; destacadamente, el entorno económico y social en el que se reproduce.)
8. Ésa debería ser una misión fundamental de las instituciones estatales, los partidos, los políticos que son los responsables inmediatos de la imagen que la política irradia. Pero también de la escuela, de los mediosde comunicación.P.D. Además, vale la pena establecer desde ahora la siguiente salvedad. Al 20 de febrero, la lista nominal de electores tenía inscritos 75 millones 788 mil 623 ciudadanos. Ése es el universo potencial de los votantes. Pero a ese número deberíamos restar un millón 291 mil 705 fallecidos que aparecen en la lista, y tres millones 859 mil 681 personas que se encuentran de manera temporal o permanente en el extranjero (cálculos del Registro Federal de Electores). Es decir, el 6.8% de los ciudadanos que están registrados en la lista nominal no podrá votar. Ese porcentaje de “ausentes”, en buena lid, debería restarse de las cifras que miden la abstención.


4 comentarios:
Los politicos son ciegos y sordos, no han querido leer que la abstecion es un rechazo al sistema y sus representantes, los partidos politicos; prefieren teorizar que si esto que si aquello. ¿De que le ha servido al pueblo de Mexico el transito de un solo partido a otro de varios partidos si estamos viendo que el nivel de calidad de vida sigue disminuyendo, el aparato productivo desaparecio, no hay politicas para que Mexico sea independiente, al contrario, cada vez se depende mas del extranjero, estamos perdiendo IDENTIDAD, y junto con ella SOBERANIA. El gobierno solo ha cambiado de siglas pero estamos peor, los partidos dejaron la ideologia convirtiendose en una mezcolanza de seres uniformados ocupados en conservar la silla. El maestro Woldemberg teme que se desfonde lo que se ha construido ¿que ¿El IFE ¿la democracia, o el sistema corrupto que ya no da para mas. Eso si que seria productivo, la ola de abstencionismo de la que habla no surgio por generacion espontanea, fue hecha por ciudadanos hartos del sistema, y si la juntamos con la anulacion del voto, pobres partidos, preparense para la verdadera democracia.
Estoy de acuerdo en que la anulación del voto sea un elemento válido de protesta ante el sistema que ha imperado en México. También en que el tránsito pluripartidista haya sido en vano, pues sólo establecio la "partidocracia" y no la anhelada democracia que nace de las aspiraciones de la poblacion. Sin embargo, anular el voto en las condiciones en que se encuentran las reglamentaciones electorales sustentadas por el COFIPE, ¿qué tipo de válidez tendría el voto nulo? Absolutamente ninguna, ya que solamente pasará al anecdotario del abstencionismo en México. Es decir, las autoridades electas el 5 de julio, aun cuando sea por un par de votos (porque así entienden la democracia los politicos mexicanos), van a legitimarse sin importar el número de asistentes a las casillas. Por esta razón, yo me uniria al movimiento unicamente si asegurara una reacción en los resultados de los comicios venideros, ¿o acaso piensan los que van anular su voto que ese es el primer paso de la revolución? Definitivamente no.
Muy buen texto de Woldenberg. A mí me parece, en efecto, que anular el voto es un gesto inútil, tan inútil como cuando un niño berrinchudo dice: "no, yo ya no quero nada" aunque tampoco sepa qué quiere.
Creo que miles o quiza millones de mexicanos estamos inconformes con el sistema de partidos, que como dice Denisse Dresser funciona perfectamente para los partidos pero no para los ciudadanos.
Es importante la unión de los mexicanos que sufrimos ese hartazgo político. Necesitamos unirnos y participar con ideas, pero sobre todo actuar.
Hay muchas propuestas valiosas: candidaturas independientes, reducción del presupuesto a los partidos políticos, reducción de diputados y senadores, eliminación o reducción de los plurinominales; instauración del plebicito y del referendum, así como de la revocación de mandato etc etc.
Hay mucho trabajo por hacer , yo creo que al congreso con nuestro voto debemos elegir gente valiosa; ciudadanos honestos, capáces, con espiritu de servicio pero sobre todo que antepongan el interes colectivo de México, dejando en segundo plano su interes particular o partidista; pues este es el gran problema de la gran mayoría de nuestros políticos.
Ojala que podamos interactuar y participar.
Envío efectuoso saludo.
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